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LA ARGENTINA DEL DESPIDO Y CIERRE DE COMERCIOS Y EMPRESAS

LA ARGENTINA DEL DESPIDO Y CIERRE DE COMERCIOS Y EMPRESAS

Persianas bajas, trabajadores despedidos y empresas que achican sus estructuras: detrás de los números de la economía aparece una Argentina cotidiana que enfrenta una realidad cada vez más difícil.

Mientras desde el Gobierno nacional se insiste en mostrar el ordenamiento de las cuentas públicas, la desaceleración de la inflación y el equilibrio fiscal como señales de recuperación, en las calles la fotografía puede ser muy diferente.
Comercios que bajan definitivamente sus persianas, pequeñas y medianas empresas que reducen personal, industrias que suspenden turnos y trabajadores que reciben un telegrama de despido forman parte de una realidad que golpea especialmente al sector productivo y comercial.

EL AJUSTE QUE LLEGÓ A LA CALLE
El problema ya no pasa solamente por cuánto aumenta un producto de un mes al siguiente. Para miles de familias la preocupación es mucho más elemental: conservar el trabajo y llegar a fin de mes.
Cuando cae el poder de compra, disminuye el consumo. Cuando disminuye el consumo, los comercios venden menos. Y cuando las ventas no alcanzan para cubrir alquileres, impuestos, servicios, salarios y proveedores, comienza una cadena peligrosa: reducción de horarios, menos empleados y, finalmente, el cierre.
El cartel de “SE ALQUILA” empieza entonces a reemplazar a vidrieras que durante años fueron parte de los centros comerciales de muchas ciudades argentinas.
Y detrás de cada persiana que baja no existe solamente una estadística.
Hay familias.
Hay trabajadores.
Hay proveedores.
Hay pequeños empresarios que invirtieron sus ahorros.
Hay historias que terminan.

LAS PYMES, EN EL MEDIO DE LA TORMENTA
Las pequeñas y medianas empresas constituyen una pieza fundamental del empleo privado argentino. Pero son también las que cuentan con menos espalda financiera para atravesar períodos prolongados de caída en las ventas.
Un gran grupo económico puede reorganizar inversiones, buscar financiamiento o soportar pérdidas durante determinado período. El pequeño comerciante muchas veces no tiene esa posibilidad.
Si durante meses vende menos y sus costos continúan presionando, llega un momento en que las cuentas dejan de cerrar.
Primero elimina gastos.
Después posterga inversiones.
Más tarde reduce personal.
Y cuando ya no queda margen, entrega las llaves.

EL DRAMA DEL DESPIDO
Pero existe otra Argentina todavía más silenciosa: la del trabajador que pierde su empleo.
Un telegrama puede cambiar en segundos la economía completa de una familia.
La cuota del colegio, el alquiler, la tarjeta, los servicios, los medicamentos, el supermercado y hasta cargar combustible pasan inmediatamente a revisarse.
Y aparece una pregunta angustiante:
¿Cuánto tiempo tardaré en conseguir otro trabajo?
Porque perder un empleo en una economía debilitada no significa simplemente cambiar de empresa. Puede significar permanecer meses buscando una oportunidad que no aparece.

¿ALCANZA CON ORDENAR LA MACROECONOMÍA?
El equilibrio fiscal puede ser necesario. Controlar la inflación también.
Pero ninguna recuperación económica debería medirse exclusivamente desde una planilla.
La verdadera recuperación llegará cuando abrir un comercio vuelva a ser una oportunidad y no una aventura; cuando una pyme vuelva a pensar en incorporar empleados en lugar de despedirlos; cuando las industrias vuelvan a ampliar turnos y cuando un trabajador pueda proyectar su futuro sin preguntarse permanentemente si mañana conservará su puesto.
Porque una economía puede exhibir mejores indicadores macroeconómicos y, al mismo tiempo, mantener enormes dificultades en la economía real.

ARGENTINA NECESITA VOLVER A PRODUCIR
Un país no puede construir su futuro únicamente reduciendo gastos.
Necesita inversión.
Necesita producción.
Necesita consumo.
Necesita crédito.
Necesita empresas competitivas.
Y, fundamentalmente, necesita trabajo.
Cada comercio que desaparece significa menos actividad en una ciudad. Cada pyme que cierra significa proveedores que pierden un cliente. Cada fábrica que reduce producción afecta una cadena completa. Y cada trabajador despedido representa una familia obligada a reorganizar su vida.
Ese es el rostro que muchas veces queda escondido detrás de los grandes anuncios económicos.
La Argentina necesita estabilidad, pero también necesita crecimiento.
Porque estabilizar una economía sin conseguir que después vuelva a producir, invertir y generar empleo puede transformar el éxito de los números en una derrota para la sociedad.
El desafío no debería ser solamente conseguir que cierren las cuentas del Estado. El verdadero desafío es conseguir que dejen de cerrar los comercios, las fábricas y las fuentes de trabajo.
Y mientras eso no ocurra, habrá una pregunta incómoda que seguirá recorriendo las calles argentinas:
¿De qué recuperación podemos hablar si para demasiados argentinos la realidad todavía tiene forma de persiana baja y telegrama de despido?

FUENTE: Pichi Blazquez ER24.