Columna De Opinión por Carolina Furlán.
LA MUERTE DEL MÉRITO DEPORTIVO
Ser atleta de alto rendimiento implica, en todos los casos, numerosas horas de entrenamiento, disciplina y sacrificios. La albiceleste ha flameado en lo más alto a nivel mundial gracias a diversos deportes; aunque en materia monetaria, eso no le garantiza a todos el apoyo necesario.

¿Cómo y por qué los resultados dentro de la cancha pasaron a un segundo plano?
Las marcas ponen en juego distintas reglas según la disciplina. A la hora de estampar sus logos en las camisetas, brindar indumentaria o equipamiento deportivo, resulta más relevante la cantidad de los ojos que se posan en ellas que los resultados de quienes las portan. Así, la espectacularización del deporte mueve a su merced la vara del mérito deportivo. Sé que no estoy diciendo nada nuevo, pero de todas formas me parece válido tomar la palabra.
Las distintas categorías de la Selección Nacional Masculina de Softbol, que usaré de ejemplo, atesoran varios títulos a nivel mundial y panamericano. La selección Juvenil reúne tres medallas doradas: dos conquistadas a nivel mundial (2012 y 2014) y una a nivel panamericano (2025). La categoría U23 ostenta el oro del Campeonato Panamericano jugado en el año 2023. Para culminar, la división Mayor de la Selección Nacional Masculina tiene cuatro campeonatos internacionales ganados: el Campeonato Mundial de 2019, los Juegos Panamericanos de ese mismo año y dos Panamericanos (2022 y 2024). Todo esto sin mencionar el primer puesto del ranking mundial en el año 2022.
Estos resultados demuestran que la Selección Nacional de Softbol Masculina se destaca a nivel internacional, pero, ¿Qué tan atractivo le resulta esto a las marcas locales, regionales o nacionales? Iapser Seguros, desde el año 2021, es el único sponsor que apoya a todas las categorías de la Selección Nacional de Softbol (incluidas las femeninas). No existe, al momento de la publicación de esta pieza, más que esa sola inversión en suelo argentino para nuestras selecciones nacionales de softbol. Ni siquiera por parte de marcas paranaenses, siendo esta ciudad la Capital Nacional del Softbol y el núcleo en el que se desarrolla fuertemente este deporte. Sólo la categoría Mayor Masculina tiene un sponsor oficial extra: Pro Look, que lo hace desde el año 2022 y se encuentra localizado en Estados Unidos. Pro Look fabrica los uniformes y se los hace llegar hasta la Argentina a nuestros jugadores. Sólo algunas marcas como South, Axfiu y Leiva han brindado apoyo a esta última categoría mencionada, pero por lapsos determinados de tiempo.
La espectacularización del deporte ha llevado a las disciplinas del más alto nivel a convertirse en una especie de reproducción del sistema económico actual. “Su desigualdad no está entonces en su inicio, no es una desigualdad de condición, de situación social, sino una desigualdad a la llegada, una desigualdad de mérito” (Jean-Marie Brohm, “Sociología política del deporte”, 1976). El softbol en Argentina es un deporte de nicho; no concentra enormes masas de público, suele adoptarse por herencia familiar o por jugarlo en la escuela, y fuera de Paraná es muy difícil que alguien sepa qué es el softbol y qué lo diferencia del béisbol. “En tanto empresa de espectáculo, la empresa deportiva está sometida a los mecanismos y leyes que rigen la «producción» del espectáculo: la ley de la oferta y la demanda. La demanda social —publicitariamente suscitada y mantenida— es la que regula la oferta de los espectáculos deportivos. Tal es la razón por la que los organizadores deportivos se esfuerzan orquestando publicitariamente la permanencia del espectáculo deportivo” (Jean-Marie Brohm, “Sociología política del deporte”, 1976).
Desde esta perspectiva, la desigualdad entre las distintas disciplinas radica en una desigualdad económica al mérito deportivo; a las condiciones de llegada hasta el nivel profesional -si es que se llega-. Deja de ser relevante el sacrificio, el esfuerzo y los resultados, por consecuencia, suele recibir dinero quién mejor se vende. Con esto no quiero decir que grandes equipos o deportistas de élite que sí reciben apoyo económico no lo merezcan, sino, que quiero poner el foco en los que no lo reciben y también lo merecen.
Algo aún más llamativo de este sistema es la utilización de los propios deportistas en tanto soportes publicitarios. Al verse inscrito en un sistema económico “el deportista no es ya sino un signo para las determinadas mercancías a las que representa”. (Jean-Marie Brohm, “Sociología política del deporte”, 1976). Así, el valor de la “mercancía deportiva” de un atleta es medido por su notoriedad y presencia pública. La publicidad y la promoción deportiva-comercial hacen que los deportistas se esfuercen por convertir su valor deportivo en valor capital. Así el valor de un deportista, o de un equipo, es esencialmente medido por la circulación del dinero que genera o puede generar. Ahora, el éxito de un equipo o de un deportista individual se mide en la cantidad de miradas que se posan en ellos y en el retorno de inversión de un logo en una camiseta. El sistema actual no financia al atleta más disciplinado o talentoso, sino al que más capital pueda reunir para las grandes marcas comerciales y para la circulación de dinero. El mérito deportivo muere aplastado por el peso del dinero.

