PARANÁ: Monopatines eléctricos, bicicletas, motos y cadetes de PedidosYa, ¿los nuevos dueños de las calles?

Caminar por el centro o las calles y avenidas de barrios de Paraná se ha convertido en una prueba diaria para peatones, automovilistas y hasta para quienes respetan las normas de tránsito. Monopatines eléctricos, bicicletas, motocicletas y repartidores de aplicaciones parecen haber desarrollado sus propias reglas de circulación, muchas veces ignorando semáforos, sendas peatonales y esquinas. La sensación de descontrol crece en una ciudad donde la fiscalización parece correr siempre detrás de los hechos.
El fenómeno no es exclusivo de Paraná. En distintas ciudades del país y de la región se multiplican los reclamos por ciclistas y usuarios de monopatines que cruzan semáforos en rojo, circulan por veredas o se desplazan a velocidades incompatibles con espacios compartidos por peatones. Incluso en foros ciudadanos y debates sobre movilidad urbana aparecen denuncias recurrentes sobre el incumplimiento de normas básicas de convivencia vial.
En Paraná, la situación se agrava por la falta histórica de una regulación clara sobre los monopatines eléctricos. Durante años las autoridades reconocieron que estos vehículos no estaban plenamente incorporados al sistema vial local, generando un vacío legal que dificultaba controles y sanciones.
Mientras tanto, los repartidores de aplicaciones como PedidosYa se han convertido en protagonistas permanentes del tránsito urbano. Presionados por los tiempos de entrega y la competencia por pedidos, muchos circulan a contramano, utilizan veredas o cruzan semáforos en rojo, generando una percepción creciente de inseguridad vial. El debate sobre quién controla estas actividades y cómo se fiscalizan las condiciones de circulación sigue abierto en numerosas ciudades argentinas.
La realidad es incómoda: no todos los motociclistas, ciclistas o repartidores incumplen las normas. Sin embargo, una minoría visible alcanza para instalar la sensación de que las calles ya no pertenecen a quienes respetan las reglas, sino a quienes llegan primero, más rápido y con menos controles.
La pregunta que muchos paranaenses comienzan a hacerse es sencilla: ¿cuántos accidentes más hacen falta para que el Estado municipal y provincial decidan ordenar definitivamente la convivencia entre peatones, bicicletas, monopatines, motos y aplicaciones de reparto?
Porque hoy, para muchos vecinos, la respuesta parece evidente: en numerosas esquinas de Paraná, los semáforos ya dejaron de ser una obligación para convertirse apenas en una sugerencia.

