LA PARADOJA ARGENTINA: SUFREN LA ECONOMÍA, PERO UNA PARTE IMPORTANTE VOLVERÍA A VOTAR A MILEI
Comercios que venden poco, familias endeudadas, salarios que pierden capacidad de compra y una economía cotidiana que preocupa. Sin embargo, Javier Milei conserva un núcleo electoral considerable. ¿Cómo se explica que una parte de la sociedad critique el presente económico y, aun así, esté dispuesta a sostener políticamente al Presidente?
FUENTE: ENTRERIOS24 NOTICIAS | ANÁLISIS
Argentina atraviesa una paradoja política que merece ser analizada mucho más allá de una simple encuesta.
Porque una cosa es preguntarles a los argentinos cómo están viviendo y otra, muy distinta, preguntarles a quién votarían.
Y las respuestas no necesariamente coinciden.
Los últimos indicadores muestran dificultades concretas en la economía cotidiana. En septiembre, las ventas minoristas pyme apenas crecieron 0,3% interanual, pero cayeron 1,2% respecto de agosto y acumularon una retracción del 2,1% durante 2026. CAME describió consumidores concentrados en compras necesarias, presupuestos restringidos y límites cada vez mayores para financiarse con tarjetas.
El dato de alimentos resulta particularmente significativo: las ventas del rubro alimentos y bebidas retrocedieron 3,1% interanual en septiembre. No se trata de televisores, automóviles ni artículos suntuarios. Estamos hablando de comida.
A esto se suma el endeudamiento.
Un informe difundido por la Universidad de Buenos Aires señaló que el uso del crédito para sostener el consumo básico había aumentado 57% desde el comienzo de la gestión de Milei y que la morosidad de los hogares había alcanzado niveles superiores incluso a los observados durante la pandemia.
Entonces aparece la gran pregunta:
¿POR QUÉ MILEI TODAVÍA CONSERVA UN VOTO DURO?
Porque el voto no se explica únicamente mirando la billetera.
Y posiblemente allí esté una de las claves para comprender el fenómeno político argentino actual.
Una encuesta nacional de Zentrix realizada entre el 22 y el 30 de septiembre de 2026 encontró que el 61,5% evaluaba negativamente la situación económica del país y que el 57,4% se declaraba pesimista respecto del futuro.
Sin embargo, en ese mismo estudio, el 28,3% decía que seguramente votaría a Milei y otro 9% respondía que podría hacerlo.
Es decir: existe un núcleo que continúa respaldándolo aun en medio de una percepción económica predominantemente negativa.
Incluso resulta llamativo lo que ocurre entre los jóvenes.
Según ese mismo relevamiento, entre las personas de 18 a 39 años, el 69,1% consideraba negativa la situación económica del país. Pero, simultáneamente, era el segmento etario que mostraba mayor aprobación presidencial: 42,5%.
Economía y voto, nuevamente, no caminan necesariamente de la mano.
NO TODOS LOS QUE ESTÁN MAL CULPAN A MILEI
Este probablemente sea uno de los puntos centrales.
Una persona puede tener dificultades para llegar a fin de mes y, al mismo tiempo, considerar que los problemas actuales son consecuencia de gobiernos anteriores.
Otra puede pensar que el ajuste es doloroso pero necesario.
Otra puede estar decepcionada con Milei y, aun así, no encontrar una alternativa opositora que la represente.
Y otra puede valorar aspectos del Gobierno —como determinadas reformas, su orientación ideológica o su discurso contra la política tradicional— por encima de su situación económica inmediata.
Eso ayuda a explicar una aparente contradicción que, vista desde el comportamiento electoral, quizás no sea tal.
MILEI TAMBIÉN TIENE UN PROBLEMA: SU TECHO
Que conserve un núcleo duro no significa que mantenga el respaldo mayoritario que alguna vez consiguió.
Las encuestas recientes muestran escenarios diferentes según la consultora.
Poliarquía midió en septiembre un 42% de aprobación de gestión, pero también registró un 52% de imagen negativa y 31% positiva para el Presidente.
Zentrix encontró una situación todavía más adversa: 35,2% de aprobación y 56,8% de desaprobación; además, el 59,3% manifestó que jamás votaría a Milei.
Por eso sería incorrecto afirmar que “los argentinos volverían a votar a Milei” como si existiera hoy una mayoría consolidada.
Lo que sí muestran distintos relevamientos es algo políticamente muy relevante:
Milei mantiene un piso electoral importante a pesar del deterioro de numerosos indicadores económicos y del fuerte malestar registrado por las propias encuestas.
LA OPOSICIÓN TAMPOCO LOGRA CAPITALIZAR TODO EL MALESTAR
Aquí aparece la otra mitad de la historia.
Que una persona esté enojada con la economía no significa automáticamente que quiera regresar al gobierno anterior.
Milei llegó al poder precisamente después de años de inflación, pérdida salarial, pobreza y frustración con la dirigencia tradicional.
Por eso, para una parte de sus votantes, la comparación no es simplemente:
“¿Estoy mejor o peor con Milei?”
La pregunta puede ser:
“¿Quiero volver a quienes gobernaban antes?”
Y allí cambia completamente el análisis.
Mientras la oposición no consiga transformar el descontento económico en una alternativa política suficientemente atractiva para esos electores, una parte de la sociedad puede continuar apoyando al Presidente incluso estando disconforme con su propia realidad económica.
EL GOBIERNO TIENE SU PROPIA EXPLICACIÓN
Milei rechaza la interpretación de que el consumo esté derrumbado y sostiene que cambió la forma de comprar de los argentinos, con un desplazamiento hacia plataformas digitales y nuevos canales comerciales. También reivindica la reducción de la pobreza lograda durante su administración.
Ese argumento debe contrastarse con los indicadores comerciales: CAME informó que, aunque las ventas online de los comercios con local físico crecieron 19,4% interanual en septiembre, las ventas minoristas totales acumularon una caída real del 2,1% en los primeros nueve meses del año.
Son dos lecturas distintas de una misma Argentina.
EL VOTO NO SIEMPRE PASA POR EL BOLSILLO
Quizás esta sea la conclusión más incómoda para toda la dirigencia política.
Durante décadas se repitió que “la gente vota con el bolsillo”.
La Argentina actual demuestra que esa explicación puede resultar insuficiente.
Se puede estar económicamente peor y conservar una identidad política.
Se puede criticar al Gobierno y volver a elegirlo.
Se puede sufrir un ajuste y creer que la alternativa sería peor.
Se puede rechazar el presente pero también rechazar regresar al pasado.
Y también se puede cambiar de voto.
Nada está escrito a más de un año de las elecciones presidenciales de 2027.
EL GRAN INTERROGANTE DE CARA A 2027
La verdadera discusión, entonces, no debería ser cómo puede alguien que atraviesa dificultades económicas seguir votando a Milei.
La pregunta más profunda es otra:
¿Qué razones llevan a una parte de los argentinos a sostener su respaldo político aun cuando evalúan negativamente la economía?
Responderla obliga al oficialismo y a la oposición a mirar más allá de sus propios relatos.
Al Gobierno, porque conservar un núcleo duro no equivale a tener garantizada una mayoría.
Y a la oposición, porque el deterioro económico por sí solo tampoco garantiza que millones de argentinos vuelvan a elegirla.
En la Argentina de 2026 conviven dos realidades: la del bolsillo y la de la urna.
Y hasta ahora, aunque muchas familias manifiestan dificultades económicas, endeudamiento e incertidumbre, Milei conserva una base política considerable.
La gran batalla de 2027 será saber cuál de esas dos realidades terminará pesando más cuando el argentino vuelva a entrar al cuarto oscuro.


