LA ARGENTINA QUE NO ENTRA EN EL RELATO OFICIAL: HAMBRE. DESEMPLEO. EMPRESAS QUEBRADAS. JUBILADOS SIN MEDICACIÓN. ENDEUDAMIENDO. PYMES FUNDIDAS. NEGOCIOS CERRADOS. SUPER AUMENTO DE COSAS. RECESIÓN. LOCALES SIN VENTAS. IMPUESTOS MAS CAROS. LOS SUELDOS NO LLEGAN AL DIA 15. AUMENTO DE 1 MILLÓN DE PLANEROS… ESTE ES EL RESULTADO DEL GOBIERNO DE MILEI
FUENTE ER24 | Mientras el Gobierno nacional exhibe como bandera la desaceleración de la inflación y sostiene que la economía atraviesa un proceso de estabilización, millones de argentinos enfrentan una realidad mucho más áspera: falta de trabajo, endeudamiento, comercios sin ventas, industrias golpeadas y familias haciendo malabares para llegar a fin de mes.
Hay dos Argentinas.
Una es la que aparece en los discursos oficiales, en las conferencias, en las redes sociales y en las planillas macroeconómicas.
La otra es la que abre la heladera.
Y muchas veces encuentra poco.
La que mira el resumen de la tarjeta y no sabe cómo pagarlo.
La que entra al supermercado con calculadora.
La que posterga una compra, un arreglo, una salida o una consulta médica porque el dinero simplemente no alcanza.
LOS NÚMEROS TAMBIÉN MUESTRAN LAS GRIETAS
No hace falta exagerar para describir una economía con serios problemas.
En el segundo trimestre de 2026 la desocupación fue del 7,9%, según el INDEC. En ese mismo período, el PIB cayó 0,6% respecto del trimestre anterior en términos desestacionalizados. Y la situación volvió a deteriorarse en julio: el EMAE cayó 2,9% mensual y 1,4% interanual.
La industria ofrece otra fotografía preocupante: en julio de 2026, la producción manufacturera cayó 5% interanual.
Son porcentajes fríos detrás de los cuales existen trabajadores, proveedores, comerciantes y familias.
Una fábrica que produce menos compra menos insumos. Un comercio que vende menos reduce horas, posterga inversiones o directamente baja la persiana. Y cuando una empresa cierra, detrás del cartel de “se alquila” quedan empleos, proveedores y familias enteras.
LA DEUDA SE METIÓ EN LOS HOGARES
Uno de los indicadores más inquietantes está en el sistema financiero.
Según el Banco Central, en julio de 2026 la irregularidad de los créditos otorgados a las familias llegó al 12,9%. En enero había sido del 10,6%.
No significa que todos los argentinos estén endeudados ni que toda deuda se utilice para comprar alimentos. Pero sí muestra una dificultad creciente de una parte de los hogares para cumplir con sus obligaciones financieras.
Y detrás de la palabra técnica “morosidad” hay algo mucho más sencillo:
gente que debe y no puede pagar a tiempo.
El endeudamiento dejó de ser solamente la herramienta para comprar un auto, una heladera o realizar una inversión. Para muchas familias, la tarjeta y el crédito funcionan como un puente entre un ingreso que se termina y un mes que todavía continúa.
POBREZA: BAJÓ, PERO SIGUE SIENDO ENORME
También hay que contar el dato completo.
La pobreza bajó respecto de los niveles anteriores: el INDEC informó que durante el primer semestre de 2026 alcanzó al 32,3% de las personas, mientras la indigencia llegó al 7,5%.
La reducción es un dato que corresponde reconocer.
Pero también corresponde hacer la pregunta que muchas veces desaparece detrás del porcentaje:
¿Puede un país acostumbrarse a que prácticamente uno de cada tres habitantes continúe debajo de la línea de pobreza?
Para ER24, que un indicador mejore no convierte automáticamente en buena la situación de quienes continúan dentro de esa estadística.
JUBILADOS: ENTRE EL HABER Y LA FARMACIA
Los adultos mayores merecen un capítulo aparte.
No sería correcto afirmar que PAMI dejó a todos los jubilados “sin medicamentos”: actualmente mantiene coberturas del 50% al 80% para determinadas patologías crónicas y agudas, 40% para medicamentos de uso eventual y 100% para tratamientos específicos.
Pero para acceder al subsidio social del 100% en medicamentos ambulatorios existen condiciones socioeconómicas y patrimoniales. Entre ellas, como regla general, ingresos inferiores a 1,5 haberes mínimos, además de otros requisitos.
Ahí aparece una discusión profundamente humana que ninguna planilla puede resolver por sí sola:
¿qué pasa con el jubilado que supera por poco un requisito pero igualmente no puede afrontar medicamentos, alimentos, alquiler, servicios y gastos cotidianos?
Y LA AYUDA SOCIAL SIGUE SIENDO MILLONARIA
Existe además una contradicción política difícil de ignorar.
Javier Milei construyó buena parte de su discurso político cuestionando durante años el asistencialismo. Sin embargo, el Estado nacional continúa sosteniendo una enorme estructura de transferencias sociales.
El Presupuesto 2026 contempla alrededor de 4,1 millones de beneficiarios de AUH y aproximadamente 2,54 millones de prestaciones Alimentar.
Esto no demuestra que haya “un millón más de planeros” —esa cifra necesita una comparación homogénea que no encontramos respaldada oficialmente—, pero sí muestra algo evidente: incluso bajo un gobierno que llegó prometiendo transformar profundamente el esquema de asistencia, millones de argentinos continúan necesitando ayuda estatal.
Y quizás esa sea una de las preguntas más incómodas del modelo:
si la economía funciona tan bien como sostiene el discurso oficial, ¿por qué sigue siendo necesaria semejante red de contención social?
LA INFLACIÓN BAJÓ. EL PROBLEMA NO TERMINÓ.
El Gobierno tiene un argumento concreto a su favor: la inflación mensual se desaceleró significativamente respecto del comienzo de la gestión. En agosto de 2026 el IPC fue del 1,7% mensual.
También existen indicadores favorables que deben mencionarse: el Ministerio de Capital Humano informó que en abril de 2026 el salario real promedio del empleo privado registrado se encontraba 4,3% por encima de noviembre de 2023.
Pero un promedio no describe a cada trabajador argentino.
No describe necesariamente al informal, al monotributista, al desempleado, al comerciante que no vende, al pequeño empresario que acumula costos ni al jubilado que cuenta monedas frente al mostrador de una farmacia.
Porque bajar la inflación no significa bajar los precios.
Significa que continúan aumentando, pero a menor velocidad.
EL MOSTRADOR NO ENTIENDE DE MACROECONOMÍA
El comerciante necesita clientes.
La pyme necesita vender.
La industria necesita producir.
El trabajador necesita un salario suficiente.
El jubilado necesita comprar sus medicamentos.
Y una familia necesita llegar al día 30 sin transformar la tarjeta de crédito en una extensión artificial del sueldo.
La macroeconomía puede estabilizarse mientras una parte importante de la microeconomía continúa sufriendo.
Ese es precisamente el problema que el Gobierno no debería esconder detrás de una estadística favorable.
ER24 | EL AJUSTE TIENE ROSTRO
Detrás de cada comercio cerrado hay alguien que perdió.
Detrás de cada trabajador despedido hay una familia preocupada.
Detrás de cada crédito vencido hay alguien que alguna vez creyó que podría pagarlo.
Detrás de cada jubilado que calcula qué medicamento comprar primero hay décadas de trabajo.
Y detrás de cada argentino que llega al día 15 preguntándose cómo atravesará los otros quince días existe una realidad que ningún discurso puede borrar.
El Gobierno de Javier Milei podrá exhibir como logros la desaceleración inflacionaria, el equilibrio fiscal y otros indicadores que considere favorables.
También tendrá derecho a defender su programa económico.
Pero la sociedad tiene exactamente el mismo derecho a mirar su bolsillo.
Porque al final del día, la economía no se mide solamente en una pantalla del Ministerio de Economía.
Se mide en la mesa.
En la heladera.
En el trabajo.
En la farmacia.
En la caja del comercio.
Y en la tranquilidad —o la angustia— con la que una familia se va a dormir.

